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Mundo Conejitos · Blog

Tambor, mi conejo cabeza de león: la historia de Mundo Conejitos

Por mundoconejitos · Publicado el · Actualizado el

A Tambor lo vi y me enamoré. Sus ojos me recordaban a mi abuela, que había fallecido, y aquello me llegó de una forma que todavía recuerdo. Se lo comenté a mi pareja y esa misma tarde ya estaba con nosotros. Así empezó mi historia con este conejo cabeza de león que hoy forma parte de tantos momentos de mi vida.

Tambor llegó de un criadero de La Laguna, en Tenerife. Nosotros queríamos cuidarlo bien, pero al principio nos faltaba mucha información. Tenía dudas sobre lo que debía comer y sobre los cuidados de cada día. Muchas veces me sentía perdida y acabábamos guiándonos por lo que veíamos en las tiendas de animales.

Durante un tiempo le dábamos solo pienso. Después tuvo un problema digestivo y lo llevamos a su veterinaria en Okapi. A partir de ahí cambiamos su alimentación con su ayuda. Ahora come heno y verduras siguiendo la pauta que ajustamos para él. Es su caso particular, no un menú que haya que copiar para todos los conejos.

Con el heno también tuvimos que ir poco a poco. Al principio costó que lo aceptara y el Timothy es el que mejor come. Lo que hoy forma parte de nuestra rutina no siempre fue tan fácil. Precisamente por eso nació Mundo Conejitos: porque yo había necesitado respuestas y quería compartir lo que iba aprendiendo, también las cosas en las que nos habíamos equivocado.

En octubre de 2026 Tambor tiene nueve años y medio, aunque a veces, viéndolo correr, cuesta creerlo. Sale de su habitación directo al sofá, se sube y vuelve a toda velocidad a su habitación. Yo digo que parece Rayo McQueen, el de Cars. Y luego lo ves tan tranquilo, como si nada.

Por las mañanas, en cuanto me escucha moverme, ya está apoyando las patitas en la puerta de su habitación para que vaya a abrirle y le dé su verdurita. Si algún día duermo más de la cuenta, se encarga de despertarme. Tiene bastante claro que el desayuno no debería esperar.

Después se echa una buena siesta mañanera. Eso sí: como me escuche abrir la nevera, viene corriendo a comprobar si pilla premio. Le encantan el pimiento y la sandía, que le doy algunas veces. El sonido de esa puerta no se le escapa.

Tambor es muy inteligente y cariñoso cuando él quiere. Me lame como un perro y busca sus caricias. Si dejo de acariciarlo antes de que considere que hemos terminado, mueve la cabeza para que siga. No hace falta que diga nada: el mensaje se entiende perfectamente.

Y luego están los ratitos en los que yo estoy mal o triste y se tumba conmigo en el sofá. Compartir ese momento con él me hace mucho bien. Son cosas que, desde fuera, pueden parecer pequeñas, pero para mí tienen muchísimo valor.

Vive libre por casa y tiene su esquinero para el pis y las cacas. Antes de estar castrado mordía mucho y hacía pis por todas partes; después notamos un cambio importante. Alguna vez sigue habiendo un pis fuera de su sitio y yo bromeo diciendo que está enfadado. Es mi manera de contar sus cosas, no de saber exactamente qué está pensando.

También tiene sus formas de llamar mi atención. Una de ellas es intentar abrir el armario de mi habitación y meterse dentro. Muy de vez en cuando le da por morder una pared; con los años le entra alguna manía y luego se le pasa. Y cuando voy al baño tampoco me falta compañía: alguna vez me mira como si tuviera que supervisarlo todo.

Cuando viajo lo dejo en Okapi, donde lo hemos llevado tanto a su veterinaria como a la residencia. Aprovechamos para organizar las revisiones o vacunas que le correspondan. Al volver, a veces tarda un buen rato en acercarse, y yo digo que me está echando la bronca con la mirada: «Mami, ¿por qué te has ido?».

Convivir con él me ha enseñado que tener un conejo no es tan sencillo como a veces se cree. Me duele pensar en los que pasan el día encerrados sin apenas poder salir. Con Tambor he aprendido a mirar su comida, su espacio y su forma de relacionarse conmigo con mucha más atención.

No lo he hecho todo bien desde el principio y sigo aprendiendo. Por eso quiero que esta web sea un sitio donde puedas informarte sin sentirte mal por lo que todavía no sabes. Si acabas de llegar, puedes empezar por las guías de alimentación y cuidados. Y si también compartes tu vida con un conejo con tanta personalidad, me encantará leerte.

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